Qué ver en Edimburgo

En Edimburgo, lo más bonito es Edimburgo. La propia ciudad, vaya. Pero como en tu estancia allí querrás visitar sus lugares emblemáticos, aquí va una lista con los más importantes, algunos de los cuales, de verdad, no deberías perderte. Vamos primero con el patrimonio histórico:

CASTILLO DE EDIMBURGO

EdimburgoSi hay un símbolo que representa por encima de cualquier otro la capital de Escocia, ése es su castillo. Construido en el mismo corazón de Edimburgo cuando corría el siglo XII, esta impresionante fortaleza preside imponente toda la ciudad desde la cima de la colina volcánica donde se encuentra. Es un sitio de visita obligatoria. Y es que, aunque por su ubicación, se ve desde casi cualquier lugar del centro urbano, conocerlo desde dentro también es fundamental. No sólo porque adentrarse en él supone empaparse de la apasionante Historia de este país orgulloso, o porque, una vez allí, tendrás la oportunidad de ver a los aguerridos guardias uniformados con sus kilts de gala, o porque alberga el Museo Nacional de la Guerra de Escocia, las Joyas de la Corona y la Piedra del Destino, sino porque -y por si todo lo anterior no fuera suficiente- asomado a sus almenas, tendrás unas vistas increíbles de toda la city.

Una curiosidad: desde 1861, todos los días (excepto los domingos) se dispara desde allí una bala de cañón a la una del mediodía, ya que, según se cuenta, antiguamente, servía de referencia horaria para los marineros del puerto. Así que, si estás por la zona y, de pronto, oyes un petardazo a dicha hora, ya lo sabes, no hay motivo para alarmarse.

PALACIO DE HOLYROODHOUSE

Por todos es bien conocida la influencia de la Corona en Gran Bretaña, y Edimburgo, como capital de Escocia, no iba a ser menos, de modo que allí también encontramos una de las fastuosas residencias oficiales de la Monarquía British. Holyroodhouse es un palacio barroco del siglo XVI, en el que vivió, entre otros, la monarca María Estuardo, más conocida como Mary, Queen of Scots -María, reina de los escoceses-. Salvo que haya algún evento oficial -cosa que ocurre en ocasiones-, suele estar abierto al público, que puede curiosear por los aposentos reales, ver la colección de pinturas y retratos, admirar sus tapices… Lo encontrarás justo al final de la Royal Mile, cerca de Arthur`s Seat (un extinto volcán al que es posible ascender para otear el horizonte) y enfrente del Parlamento Escocés. Y, hablando del parlamento, el nuevo edificio que lo acoge, inaugurado en 2004, fue proyectado por el arquitecto español Enric Miralles, cuya obra, una vez acabada, tuvo cierta polémica, dado que el estilo modernista del edificio, según ciertos sectores, no encajaba del todo -por decirlo suavemente- con la estética medieval de la Old Town. Ve y juzga por ti mismo.

MONUMENTO A SCOTT

En los Jardines de Princes Street, a sólo unos metros de la Waverley Station, seguro que llamará tu atención una curiosa construcción de estilo gótico, que recuerda un poco a esas montañas de churritos de arena que se hacen en la playa. Pues bien, dicha construcción suele atraer las miradas de todos, lo cual resulta normal, teniendo en cuenta que mide más de 60 metros. El monumento en cuestión se erigió en el siglo XIX como homenaje al edimburgués Sir Walter Scott, uno de los grandes literatos de todos los tiempos (suyas son las obras Rob Roy, Ivanhoe, Waverley…). La estructura y las figuritas novelescas representadas en él se ven bien desde abajo, pero, si quieres, también puedes subir los 287 escalones que llevan a lo más alto del monumento. Arriba hay un mirador al que la gente elige subir para poder contemplar la ciudad a vista de pájaro.

CALTON HILL

Edimburgo está rodeada de varias colinas. Una de las más famosas, y que más a mano está si te encuentras por el núcleo urbano, es ésta. Arriba verás una curiosa construcción de estilo neoclásico, el Antiguo Observatorio y el Monumento a Nelson, construido a principios del siglo XIX en honor al almirante muerto en la batalla de Trafalgar. Sin embargo, lo que más atrae de Calton Hill es que se trata del tercer lugar por excelencia (junto con los mencionados castillo y Monumento a Scott) desde donde conseguirás las mejores fotos de la urbe. Aunque cada una presenta una perspectiva diferente y bonita, y por supuesto que lo ideal sería poder gozar de todas, si tienes que elegir porque tu bolsillo no está para muchos trotes, debes saber que Calton Hill es la única gratuita de las tres y, además, quizá la mejor, pues desde ella se ve, por un lado, una panorámica de la Old Town y la New Town desde las alturas y, por el otro, una preciosa vista del Mar del Norte. Se encuentra en el centro, justo al final de Princes Street, y subir hasta la cima es un agradable paseíto que no te llevará más que unos pocos minutos.

JARDINES DE PRINCES STREET

No es ningún secreto que en Escocia, la mayoría del tiempo, el sol brilla por su ausencia, así que, cada vez que hace aparición, estos céntricos jardines se llenan de edimburgueses y visitantes que se apresuran hasta allí para gozar de los rayos del astro rey. ¡Les encanta! Aunque cueste creerlo viéndolo hoy en día, hasta 1760 este lugar era el Lago Nor, secado por aquel entonces debido a su contaminación, lo que llevó a la posterior creación de estos jardines, que se extienden a lo largo de la calle Princes de la que toman el nombre. Esta joya natural de la capital escocesa tiene senderos para pasear, banquitos de madera donde sentarse y, sobre todo, metros y más metros de verdísimo césped sobre el que tirarse a charlar con amigos o leer un rato. Y, ya que hablamos de jardines, si te has quedado con mono de verde, otra alternativa vegetal es la que ofrece el Jardín Botánico.

CATEDRAL DE ST. GILES

Es una de las construcciones más representativas de la Royal Mile y lleva el nombre del santo patrón de la ciudad (si te apetece, puedes pasar a echar un vistazo al interior, ya que está permitida la entrada). Al lado de su puerta oeste se ubica la plaza del Parlamento. Cuando estés justo ahí, presta atención al suelo. Y, no sólo para no dar un traspié con la calzada empedrada, sino porque, como verás, en el suelo hay un grupo de adoquines que, a modo de mosaico, forma la imagen de un corazón, sobre el que, dicho sea de paso, probablemente, verás a alguien escupir. ¿Por qué? Pues porque el Corazón de Midlothian, como se llama, marca el lugar exacto donde se encontraba la entrada a la antigua prisión de la ciudad (siglo XV), también utilizada entonces como lugar de tortura y ejecuciones públicas. Es por eso que, aún hoy, algún que otro viandante continúa regándolo con su saliva cuando pasa por allí como muestra de desprecio (según otras versiones, hacer tal cosa trae suerte…).

ESTATUA DE GREYFRIARS BOBBY

En la Old Town hay una famosa estatua erigida nada menos que… ¡a un skye terrier! En efecto, a un perro. Más que por la estatua en sí misma -que, como imaginarás, es pequeña como el can en cuestión-, el monumento es famoso por su historia, según la cual, al parecer, tras fallecer el dueño del perrito Bobby, éste permaneció 14 años (hasta que él mismo murió) acompañando y custodiando la tumba de su amo. Tan tierna historia, que conmovió a todos, dio lugar a que se erigiera, al final de George IV Bridge, esta pequeña estatua en homenaje a Bobby, como símbolo de lealtad y devoción. La tumba del perrete está en el cementerio contiguo, que también suele estar abierto para los que quieran hacerle una visita.

OTROS LUGARES DE INTERÉS

Además del patrimonio histórico puro y duro, la urbe cuenta también con una buena lista de museos y atracciones turísticas, como es lógico suponer, con más o menos interés según el caso. Aquí van los más importantes.

Si hablamos de arte, hay que decir que Edimburgo dispone de varias pinacotecas: la Galería Nacional, la Galería Nacional de Arte Moderno y la Galería Nacional de Retratos. La más céntrica de ellas y, quizá también la más recomendable para los que no dispongan de mucho tiempo, es la Galería Nacional, situada en un bonito edificio neoclásico en la mismísima Princes Street. La entrada es gratuita (al igual que lo es en las otras dos y en la mayoría de museos de la ciudad) y exhibe obras de los artistas más importantes de la pintura universal: Velázquez, Van Gogh, Tiziano, Monet…

Además de los dedicados a la pintura, hay otros tantos museos curiosos, como el de la Infancia, el de Edimburgo, el Scottish Storytelling Centre… Si el tiempo apremia y has de elegir, te sugerimos, por un lado, el Museo Nacional de Escocia, que te encantará si te atrae la apasionante Historia de este país, su turbulento pasado a causa de los enfrentamientos con los ingleses, sus descubrimientos, su cultura o sus personajes ilustres (el científico Alexander Graham Bell, el filósofo y economista David Hume, el escritor y autor de Trainspotting Irvine Welsh…). Por otro lado, sin salir de la Old Town, muy cerca de la Royal Mile, está nuestra otra recomendación, el Museo de los Escritores, un pequeño espacio literario con muchísimo encanto. Se encuentra medio escondido en un callejón (Lady Stair’s Close) y está dedicado a tres de los grandes escritores escoceses de todos los tiempos: Walter Scott, Robert Louis Stevenson (autor de La Isla del Tesoro y de El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, entre otros) y el poeta Robert Burns (padre de la letra de Auld Lang Syne, esa preciosa canción que suele entonarse en las despedidas, especialmente, en los países sajones).

En lo que a atracciones se refiere, hay un poco de todo, desde el -más bien prescindible- The Edinburgh Dungeon, hasta la 3D Loch Ness Experience, para aquellos que no puedan escaparse al célebre lago y deseen saber un poquito más sobre él y su monstruo; o la muy interesante Camera Obscura, situada en la colina del castillo.

Dos de las atracciones que más visitantes aglutinan son, por su parte, la Scotch Whisky Experience, perfecta para darse un auténtico baño en la historia, marcas y curiosidades de la bebida nacional, y el The Royal Yacht Britannia, el lujoso barco que fuera hogar de la familia real británica durante más de 40 años, abierto hoy para todo aquel que quiera curiosear por los camarotes y demás estancias de esta suerte de palacio flotante.